Publicidad:
La Coctelera

genetista

15 Diciembre 2009

La casa de Francisco Pizarro

LA CASA DE PIZARRO

En los inicios de la Conquista del Perú, los españoles fundaron diversas ciudades. Muchas de ellas estaban asentadas sobre antiguas ocupaciones urbanas incas.
En 1534, encontrándose Hernando Pizarro, como adelantado, en el Santuario de Pachacamac, envió una expedición para buscar un emplazamiento estratégico en donde se fundaría la ciudad que, más tarde, se convertiría en la capital del Virreinato.
Los expedicionarios llegaron al valle de Lima y hallaron una cultura establecida, cuyo centro administrativo estaba edificado en torno de una plaza principal. Tanto la cercanía al mar y la fertilidad del valle, como un cerro alto y la infraestructura de dicho emplazamiento permitieron considerar a Francisco Pizarro la conveniencia de fundar allí la Ciudad de los Reyes, denominada protocolarmente "La muy noble, muy digna y muy leal Ciudad de los Reyes del Perú".
La ceremonia de fundación se realizó en el lugar que en la actualidad ocupa la Plaza Mayor, el 18 de enero de 1535. De inmediato se procedió a repartir los terrenos entre los conquistadores presentes y entre los antiguos vecinos de Jauja y San Gallán, de acuerdo al plano trazado por Diego de Agüero, quien dividió el espacio en 117 manzanas. Cada una de éstas comprendía cuatro solares o terrenos.
La casa del Gobernador Francisco Pizarro fue construida de una manera sencilla, con un patio al centro, y un jardín en el que sembró una higuera que existe hasta nuestros días.
Al iniciarse la vida republicana, la antigua Casa de los Virreyes se convirtió en la Casa de Gobierno de la República del Perú, en cuyas instalaciones funcionaron también varios ministerios.
En 1926, el Presidente Augusto B. Leguía encargó al arquitecto francés Jean Claude Antoine Sahut Laurent el diseño del nuevo Palacio de Gobierno. Pero, en 1932 se paralizaron las obras.
Posteriormente, fue el Presidente Oscar R. Benavides quien encargó al arquitecto Ricardo de Jaxa Malachowski que completase la construcción. Los trabajos se iniciaron el 4 de agosto de 1937 con la demolición de la parte antigua. No fue hasta el año siguiente que se dio término a la obra, tras lo cual se inauguró oficialmente el Palacio de Gobierno.

Los Salones Pedro Potenciano Choquehuanca y Eulogio Eléspuru Deustua
El Salón Choquehuanca -al que se ingresa por la calle Palacio- recibe su nombre en homenaje a los soldados que ofrendaron sus vidas defendiendo Palacio en el ataque que éste sufrió el 29 de mayo de 1909, durante el primer gobierno del Presidente Augusto B. Leguía.
En un lado del salón se encuentra un busto dedicado al patriota Choquehuanca, así como un retrato del Virrey Pedro Fernández de Castro, Conde de Lemos, de autor anónimo, que data del siglo XVII.
El diseño del Salón Eléspuru, que corresponde al estilo del Renacimiento español, incluye un hermoso artesonado que permite conocer el trabajo en madera que se tornó típico de la época colonial. La serie de arcos de medio punto, de influencia morisca, realza la belleza del mosaico utilizado en el piso. Trabajado en mármol italiano, este piso muestra un fino diseño donde destaca el color y la calidad del material.
En este ambiente se exhiben dos calesas presidenciales. La primera calesa -de invierno-, que data del siglo XIX, fue encargada a la empresa británica Peters and Sons, que la construyó con madera y hierro. En su interior se observa, en la parte del techo, bordado en hilos plateados y dorados, el Sol de los Incas y, en sus puertas, el Escudo Nacional. En la segunda calesa -de verano-, fabricada por la empresa francesa Kellner, también se ha utilizado madera y hierro.
Ambas calesas fueron utilizadas hasta 1974 en ocasiones especiales, como la ceremonia de presentación de cartas credenciales de los embajadores. Los últimos cocheros que las condujeron fueron los señores Tomás Meza y Alfredo Huallasco.

Denominado así por sus impresionantes dimensiones, el Gran Hall es el primer espacio de Palacio al que se accede por la Puerta de Honor, por donde ingresan las más importantes autoridades.
En sus flancos se aprecian hermosas columnas y relieves trabajados en estucado en yeso, decorados con pinturas y pan de bronce. El diseño del piso de mosaicos de mármol italiano presenta al Sol geométrico en el centro, rodeado por diversas y complejas decoraciones.
El Gran Hall se pueden apreciar, además, en toda su magnificencia, los vitrales que integran el techo del enorme ambiente. El espléndido trabajo, influido por el art nouveau -en boga en la primera mitad del siglo XX- ilumina el espacio interior con una tenue luz.
Finalmente, en el Gran Hall se exhibe una galería de bustos que representan a personalidades de la historia de América Latina -del escultor Miguel Bacca Rossi- y dos esculturas de los Libertadores de América, Bolívar y San Martín, cuyo autor es el artista Luis Agurto.

A través del Gran Hall se accede a la residencia del Presidente de la República, en cuyo interior se hallan otros salones importantes y un patio sevillano en donde se conserva, hasta nuestros días, la higuera que sembró Francisco Pizarro.
En el segundo piso del Gran Hall existe una galería decorada en estucado en yeso blanco. En este piso se encuentra el salón de reuniones del Consejo de Ministros.

EL GRAN COMEDOR
iseñado por el arquitecto Ricardo Jaxa Malachowski, el Gran Comedor constituye uno de los espacios más atractivos de Palacio. Su estilo recuerda a los elegantes salones coloniales de la época del Barroco. Son destacables el tallado de los zócalos, el impresionante artesonado con vigas talladas y sus dos suntuosos balcones -cuyo diseño se basa en el estilo colonial de Lima-, que esconden salas de música para orquestas de cámara con que se amenizaban las reuniones realizadas en el Gran Comedor. El tallado, a cargo del maestro E. Laya, fue ejecutado por la empresa Ciurlizza Maurer.
Lo que más impresiona es la hermosa araña de cristal, ubicada al centro del salón, cuya construcción se encargó -como tres más pequeñas- a Checoslovaquia. La gran araña, que pesa aproximadamente una tonelada y media, se ilumina con 175 focos.
Entre las obras artísticas que adornan el Gran Comedor se debe mencionar seis hermosos lienzos de la época colonial. Los cuatro que están situados en los extremos del salón pertenecen al artista A. Brueghel, del siglo XVII, en tanto que los otros dos que aparecen al lado de la puerta de ingreso son del artista napolitano Jerónimo Cenatiempo, del siglo XVIII.
La capacidad del Gran Comedor permite invitar a 250 comensales y sus hermosas sillas lucen en el dorso un estampado dorado del escudo de Francisco Pizarro.

En este salón se firmó, en 1980, el Tratado de Paz entre Honduras y El Salvador. Asimismo, desde aquí impartió la Paz al Perú, en 1985, el Papa Juan Pablo II. Por este motivo se le conoce también con el nombre de Salón de la Paz. Las placas que conmemoran ambos acontecimientos se encuentran en el vestíbulo que antecede al Gran Comedor.

Anteriormente conocido como Salón Francisco Pizarro, adquirió su nueva denominación, Salón Túpac Amaru, en la década del 70, durante el Gobierno del General EP Juan Velasco Alvarado, debido a la política nacionalista y a la admiración que el referido gobernante profesaba al precursor de la Independencia del Perú.

El Salón Túpac Amaru
Anteriormente conocido como Salón Francisco Pizarro, adquirió su nueva denominación, Salón Túpac Amaru, en la década del 70, durante el Gobierno del General EP Juan Velasco Alvarado, debido a la política nacionalista y a la admiración que el referido gobernante profesaba al precursor de la Independencia del Perú.
En el salón predomina el estilo neocolonial. Mide 35 m. de largo y está dividido en tres cuerpos: una rotonda central de 11 m. de diámetro y dos alas laterales de 12 m. de largo por 8 m. de ancho. En la rotonda se puede apreciar una hermosa cúpula de madera con una farola de vitrales en el vértice. En los ángulos inferiores de la rotonda, cuatro hornacinas se advierten relieves en yeso con motivos incaicos, producidos por la inspiración de Daniel Casafranca.
Este salón fue el primer comedor oficial de Palacio, con una capacidad que albergaba a 172 comensales. Quedó en desuso cuando se construyó el nuevo Gran Comedor en la época del Presidente Benavides.
En la actualidad se utiliza para las conferencias de Prensa del Presidente de la República y de los Ministros de Estado, así como para la celebración de diversos actos oficiales.


EL SALON SEVILLANO

En el salón predomina el estilo neocolonial. Mide 35 m. de largo y está dividido en tres cuerpos: una rotonda central de 11 m. de diámetro y dos alas laterales de 12 m. de largo por 8 m. de ancho. En la rotonda se puede apreciar una hermosa cúpula de madera con una farola de vitrales en el vértice. En los ángulos inferiores de la rotonda, cuatro hornacinas se advierten relieves en yeso con motivos incaicos, producidos por la inspiración de Daniel Casafranca.
Este salón fue el primer comedor oficial de Palacio, con una capacidad que albergaba a 172 comensales. Quedó en desuso cuando se construyó el nuevo Gran Comedor en la época del Presidente Benavides.
En la actualidad se utiliza para las conferencias de Prensa del Presidente de la República y de los Ministros de Estado, así como para la celebración de diversos actos oficiales.

II HISTORIA DE LAMBAYEQUE

Diversas etapas de la ancestral cultura peruana se han desarrollado en Lambayeque, existen hallazgos que datan desde los tiempos de los cazadores nómades hasta culturas tan sofisticadas como los Mochica, los Sicán o los Chimú. Alrededor del siglo I d.C. diversos señores Mochica dominaron la región, logrando un alto nivel de producción agrícola y desarrollo artístico. Hacia el siglo VII d.C. el poder Mochica colapsó para dar paso a otras influencias provenientes del sur vinculadas a la cultura Huari a partir de las cuales, nació una nueva expresión cultural local conocida como Sicán. Contaban los antiguos lambayecanos que mucho tiempo atrás, apareció ante los pescadores una gran flota de balsas extrañas. Los recién llegados venían dirigidos por un señor muy bien ataviado llamado Naylamp, "Gran Ave del Mar". Sorprendido por la laboriosidad y destreza de los habitantes de la zona, Naylamp decidió mandar construir un templo para alojar a la imagen de Ñam Pallec, un ídolo de piedra que era su retrato. Los vecinos de los alrededores no dejaban de sorprenderse por el buen gobierno de este señor, poco a poco, fueron integrándose a sus dominios. Un día, Naylamp desapareció. Según los sacerdotes le habían brotado alas y había emprendido el vuelo. Fueron sus descendientes, entonces, quienes debieron mantener la tradición. Este mito nos cuenta los orígenes de una de las culturas más importantes de la costa norte, la cultura Lambayeque o Sicán, un pueblo de agricultores y navegantes cuyo desarrollo alcanza su apogeo alrededor del siglo VIII d.C. Los Sicán lograron un dominio magistral en el trabajo con metales. Las joyas encontradas en las tumbas muestran que contaron con grupos de orfebres altamente especializados. Hacia inicios del siglo XV, una nueva influencia arribó a Lambayeque, los Chimú, ellos conquistaron el territorio y más tarde los Incas incorporaron estas tierras al Tahuantinsuyo. La presencia hispana en Lambayeque se consolidó con la fundación de la ciudad del mismo nombre en 1553 y la de Zaña en 1563, ésta ciudad que tuvo que ser abandonada como consecuencia del desborde del río Zaña que la destruyó por completo. Lambayeque se convirtió a inicios del siglo XIX en uno de los principales focos patriotas; sus acciones implicaron no sólo la recaudación de dinero para la causa, sino también formar parte de los tropas que enfrentaron decididamente al ejército realista. Ya entrada la República, se desarrollaron con éxito en la zona las haciendas productoras de azúcar y arroz. FOLKLORE En Lambayeque se cultivan diversas manifestaciones culturales, que van desde alegres bailes como la Marinera y el Tondero, hasta las peleas de gallos de pico y los Caballos Peruanos de Paso montados por expertos chalanes (domador, entrenador y jinete del Caballo de Paso Peruano). Además, en muchos pueblos, se practica la medicina tradicional o el curanderismo, acto en el que el curandero o shamán recurre a hierbas y ritos mágicos para aliviar los pesares de la gente.

Ronald Ramírez Olano

Tags: palacio, gobierno

servido por RAMIOLRA sin comentarios compártelo

17 Marzo 2007

FOTOS DE R.A


foto en el estudio

servido por RAMIOLRA sin comentarios compártelo

17 Marzo 2007

las fotos R

Tags: fotos r, fotos r

servido por RAMIOLRA 1 comentario compártelo

18 Noviembre 2006

piratas de mierda

La historia de la piratería es casi tan antigua como la historia de la humanidad.

Cuando algunos hombres se dieron cuenta de que podían viajar por el mar, se volvieron navegantes

Y cuando otros hombres se dieron cuenta de que podían asaltar a esos navegantes, se volvieron piratas.

Desde entonces, las playas y los mares de muchas partes del mundo comenzaron a poblarse de esos personajes que amaban el peligro, odiaban el trabajo y ambicionaban las riquezas que poseían los demás.

Según nos cuenta la historia, el más famoso y antiguo de los piratas fue un griego, cuyo nombre era Polícrates. Vivía en la isla de Samos. Allí mandó levantar un hermoso palacio. Y también hizo construir una gran flota de cien naves de guerra, con la cual asaltaba a otros barcos que llevaban oro y piedras preciosas.

Otro famoso pirata de la Antigüedad fue un romano llamado Sexto Pompeyo. Vivía también en una isla, porque las islas siempre han sido los refugios más seguros para los piratas.

Pero sucedió que a Sexto Pompeyo se le ocurrió atacar cierta vez una ciudad muy amada por todos.

Entonces el emperador envió un fuerte ejército contra él, que lo derrotó y le quitó todas sus riquezas.

Pasaron muchos siglos, y parecía que en el Mar Mediterráneo no habría ya piratas tan grandes y tan temibles como lo fueron el griego Polícrates y el romano Sexto Pompeyo.

Entonces apareció un joven robusto, de nariz recta y ojos penetrantes como los de un águila. Venía de Berbería, región ubicada en el norte de África. Era, pues, un pirata berberisco.

Se llamaba Arudj. Pero como nadie podía pronunciar un nombre tan difícil, y como además tenía rojos los pelos de su barba, todos lo llamaban Barbarroja.

Este pirata era tan ambicioso y audaz, que se atrevió una vez a capturar dos naves llenas de preciosas mercancías enviadas por el Papa de Roma.

Los amigos del Papa de Roma se enojaron mucho, y juraron acabar con Barbarroja. Comenzaron entonces a perseguirlo por mar y tierra.

Y cuentan los relatos de aquella época que el pirata, para demorar el paso de sus perseguidores, sembró los caminos de oro y joyas. Mas los perseguidores no se dejaron engañar, y finalmente lo alcanzaron y lo mataron. Así terminó Arudj, que era llamado Barbarroja por ser su nombre tan difícil de pronunciar y por tener rojos los pelos de su barba.

Después surgieron otros muchos y muy pintorescos piratas. Como los vikingos, que eran todos rubios y navegaban en barcos con forma de dragón. O como los piratas chinos, que siempre acechaban las naves enviadas por el emperador del Japón. Pero, en realidad, la época de los más grandes y famosos piratas comienza cuando el navegante Cristóbal Colón llega a América.

A partir de entonces, los conquistadores españoles empezaron a descubrir en nuestro continente riquezas nunca soñadas.

En Perú encontraron riquísimas minas repletas de toda clase de metales valiosos. En México, plata, oro y piedras preciosas. Y en las islas del Caribe, tierras fértiles en las que crecían especias y otras rarísimas plantas, como el tabaco, que los españoles no conocían.

Movidos por la curiosidad y la codicia, los conquistadores trataban de llevarse todas estas riquezas en sus barcos, dentro del mayor secreto.

Pero los piratas siempre se enteraban y atacaban las pesadas naves cargadas con tan valiosos tesoros. De esta manera, mientras los conquistadores españoles se apoderaban de las riquezas de América los piratas se llevaban las riquezas de los conquistadores españoles.

Pero, ¿de donde salían tantos piratas?

Bueno, no es tan difícil de averiguar.

Al conquistar nuestros territorios, España se había convertido de la noche a la mañana en el país más grande, más poderoso y más rico del mundo entero.

Los reyes de Francia y de Inglaterra veían con envidia como España se llevaba nuestras riquezas, sin compartirlas con ellos. ¿Cómo apropiarse de esos tesoros?

¡Con barcos, claro!

Pero Francia e Inglaterra eran dos países pobres en esa época, y no tenían naves propias. Entonces resolvieron firmar pactos con aquellos capitanes de barcos que, deseosos de aventura y riqueza, quisieran cruzar el mar y atacar los navíos españoles.

esa forma de viajar se la llamó ir a corso, o sea, "correr por el mar ". Los capitanes de tales barcos se llamaron corsarios.

Cuando los corsarios regresaban de sus correrías, entregaban el botín conquistado a su rey, y éste les cedía una parte. ¡Y todos contentos! El rey con sus riquezas, y el corsario con su parte del botín.

Pero muy pronto, a algunos corsarios les resultó muy incómodo zarpar de puertos europeos, cruzar todo el Océano Atlántico, atacar las naves españolas y regresar nuevamente a Europa. ¡Uf! ¡Era mucho trabajo! Además, les caía de la patada dar una buena parte de lo conquistado al rey quien, al fin y al cabo, no se arriesgaba en el mar como lo hacían ellos.

Decidieron entonces hacerse independientes, vender todo al que mejor pagara y refugiarse en Jamaica, donde vivían ya por aquel entonces algunos piratas.

Y en la famosa isla de La Tortuga, donde había muchos más.

Así, al cabo de cierto tiempo, en ambas islas acabaron viviendo muchos corsarios y muchos bucaneros, a quienes se les daba este nombre porque antes de convertirse en piratas se habían dedicado a cazar animales, cuya carne preparaban de una manera especial que se llamaba bucan; y muchos filibusteros, palabra de origen holandés que significa "el que va a la captura del botín".

Todos ellos, a pesar de tener nombres tan diferentes, estaban unidos por un oficio: la piratería.

En la isla de La Tortuga , todos esos piratas habían formado una república, a la que pusieron por nombre Cofradía de los Hermanos de la Costa.

Los piratas vivían en aquella isla como querían, sin importarles si uno era inglés, el otro francés, o el de más allá holandés.

Allí no había policías, ni jueces, ni cárceles.

Cuando se producía un pleito entre los filibusteros, se retaban a duelo y se batían con espada o con cuchillo. Al que ganaba la lucha se le daba la razón y se acabó.

En la isla de La Tortuga tampoco existía la propiedad privada de la tierra. O sea que la isla era de todos pero, a la vez, de nadie en particular.

Claro que a los piratas no les interesaba mucho todo esto, porque la verdad es que eran demasiado comodinos para andar preocupándose por averiguar de quién eran las cosas. Ellos eran piratas y su vida estaba en el mar, no en la tierra. Y como les gustaba la aventura y eran muy codiciosos, se pasaban gran parte de su tiempo planeando cómo iban a apoderarse de los tesoros que transportaban los barcos que cruzaban el océano.

Una de las empresas más conocidas del temible Lorencillo fue, por cierto, la toma de Campeche y otros veinte pueblos de la zona. Allí se quedó durante dos meses como dueño y señor. Y capturó tantos prisioneros y robó tantas joyas y piezas de plata que, cuando acabó de cargarlos, su barco casi se va a pique.

Lorencillo fue perseguido día y noche por tres fragatas españolas llenas de cañones. Pero el filibustero esquivó los ataques, arrojó al mar toda la carga para que la nave fuese más ligera y, aprovechando un viento fuerte, se alejó velozmente.

Después de estos sucesos, los españoles empezaron a levantar una muralla de ocho metros de altura alrededor de Campeche. Tardaron muchos años en construirla pero, cuando estuvo terminada, ningún otro pirata pudo entrar.

La verdad es que por estos rumbos hubo tantos piratas y tantas historias de piratas, que podríamos pasarnos días enteros recordando sus aventuras.

Algunos eran muy impresionantes y muy teatrales. Como el pirata inglés Barbanegra, que tenía una barba larga y negra, la cual peinaba en trenzas, enrollándoselas alrededor de las mejillas y de las orejas. Usaba un gorro de pieles cuyo color era negro, por supuesto. Y cuando subía a bordo de una nave capturada, el feroz pirata se colocaba cuatro velas encendidas en el ala del sombrero.

Con este aspecto causaba un miedo tremendo a sus prisioneros, que acababan entregándole todo lo que poseían y contestando a sus preguntas sin ocultar nada.

También hubo un pirata muy bromista. Se llamaba Juan Lafitte y se creía el amo de todo el Golfo de México. En cierta ocasión en que el gobernador de Luisiana, cansado ya de soportar sus piraterías, ofreció una recompensa de 5 000 dólares por su cabeza, Juan Lafitte respondió ofreciendo 50 000 por la cabeza del gobernador.

Un pirata totalmente diferente fue Bartolomé Robert, a quien todos llamaban "El Bello".

Era corpulento, moreno, guapo. Vestía ropas lujosas, llevaba al cuello una cadena de oro con una cruz de diamantes y lucía un sombrero ancho con una pluma roja.

Al desembarcar en un pueblo, Bartolomé el Bello hacía desfilar a sus compañeros por las calles principales. Luego entraba él y se hacía entregar las llaves de la ciudad, como si en verdad fuese un huésped de honor o un invitado especial. Finalmente, capturaba a los hombres más fornidos y los obligaba a convertirse en piratas.

Cuando Bartolomé el Bello murió, su cuerpo vestido de púrpura y encajes fue arrojado al mar. Así lo había ordenado él, que fue el más elegante de los piratas.

Y los piratas, cada vez más empobrecidos, sólo tenían barcos de vela, demasiado lentos para alcanzar a los buques modernos.

Además, cuando los hombres empezaron a usar la comunicación por radio, los pocos piratas que quedaban en el mundo no podían dar un solo paso sin que los capitanes de los barcos lo supieran.

Por otra parte, como tú sabes, luego se inventaron los aviones, con los cuales se puede vigilar el mar sin que se escape un solo pescadito. Y por último, empezó a utilizarse el radar, que es un aparato que capta la presencia de cualquier intruso.

Bueno, con todo esto, los piratas tuvieron que abandonar su viejo oficio y ponerse a trabajar como las demás personas.

Y el Mar Caribe con todas sus islas y el Golfo de México con todas sus costas volvieron a ser como habían sido antes:

Lugares tranquilos en donde las aventuras de los piratas se recuerdan sólo como algo que sucedió hace mucho, mucho tiempo.

servido por RAMIOLRA sin comentarios compártelo


Sobre mí

Avatar de RAMIOLRA

genetista

LAMBAYEQUE , Perú
ver perfil »
contacto »

Últimos comentarios

Fotos

RAMIOLRA ASOCIADOS todavía no ha subido ninguna foto.

¡Anímale a hacerlo!

Categorías

Buscar

suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):

¿Qué es esto?

Crea tu blog gratis en La Coctelera